Sangre, fatiga, sudor y lágrimas: debes pagar el precio de lo que quieres

Tengo una amiga que hace algunos meses comenzó una actividad empesarial.

Lo ha hecho a pesar de todas las personas negativas que se encontraban a su alrededor que le decían:

  • “¿Pero estás loca? ¿En estos tiempos?”
  • “¡Estamos en crisis!”
  • “¡Mejor esfuérzate en buscar un trabajo seguro!”
  • “¡Mantén los pies en la tierra!”

Ha escuchado todo esto pero ha pasado de ello y ha comenzado a esforzarse, día y noche, poniendo cuerpo y alma en su proyecto.

Hace algunos días la encontré y me dijo: “Los primeros resultados ya se comienzan a ver pero la verdad es que estoy desmotivada, pensaba que sería más fácil. Antes tenía muchos intereses, veía más a mis amigas y a mi novio pero ahora no tengo tiempo para hacer nada. La verdad es que pensaba que sería más fácil.”.

¿Sabes por qué pensaba eso?

Porque nuestra sociedad nos induce a pensar de esa manera, nos incita a pensar que hay un atajo para todo.

Cuando la gente piensa en un deportista famoso o en un emprendedor de éxito lo que pasa por su mente es: “¡Mira que suerte ha tenido!”.

No ven. No ven el empeño, el esfuerzo, la fatiga, el sudor, los errores, los momentos de displacer. No, ellos reducen todo a la suerte.

No es culpa suya, vivimos en la sociedad de los reality tontos en los cuales cualquiera, solo por su imbecilidad, puede terminar apareciendo en la televisión y ganar un montón de dinero. Mientras más estúpido sea, mejor.

¿Cuál es el mensaje que se transmite?

Desgraciadamente, lo que se comunica es: “Lo que necesitas es suerte, no esfuerzo”.

Obviamente, la culpa no recae solo en los reality, hay un detalle aún más subrepticio que le ha insinuado a nuestro cerebro que es mejor tomar el “atajo” en vez de esforzarse.

La deuda como búsqueda del atajo

Hace algún tiempo estuve mirando un video de Adam Baker, un persona que explica en su blog cómo liberarse de las deudas y vivir feliz.

En el vídeo dice algo interesantísimo que está estrechamente vinculado con lo que os estoy explicando.

Resumiendo, dice:

Nuestra sociedad nos ha dado un sueño, siempre nos ha dicho que si te esfuerzas, si trabajas duro, un día podrás tener la vida que sueñas.

Después algo cambió, han comenzado a decirnos que en realidad ahora mismo puedes tener la vida que deseas, ¿por qué tenerla “un día” si la puedes tener ahora? ¿Por qué esperar?

Así, han inventado el mecanismo de las deudas, el atajo para darte las cosas que quieres antes de que te las hayas ganado.

Con este mecanismo, o sea, las deudas las debes pagar, te mantienen encadenado durante toda la vida.

Es terrorífico y genial a la vez, ¿no crees?

¿Cuál es el mensaje?

¡Puedes tener lo que quieras en la vida sin ganártelo!

Si lo piensas bien, hace 15 años en España las cosas no funcionaban así, las deudas se hacían solo por dos cosas, dos bienes que eran indispensables: la casa y el coche.

Ahora han logrado que contraigamos deudas por todo. Nos han transmitido el mensaje “¡Puedes tener todo lo que deseas sin habértelo ganado!”

¡El concepto de mejoramiento constante y lento es anticuado (hablo aquí al respecto)!

¿Quieres ser realmente bueno en el deporte? Se necesita tiempo.

¿Quieres dejar de sufrir por amor? Se necesita tiempo.

¿Quieres olvidar a tu ex? Se necesita tiempo.

¿Quieres aumentar tu autoestima? Se necesita tiempo, todo aquel que te diga lo contrario te está tomando por el culo.

¡Pero no! ¡Las personas no razonan de esa forma! ¡Cuando quieren algo, lo quieren inmediatamente!

¿Sabes quiénes se comportan así?

Porque son como niños:“¡Mammaaaa, mammaaaa me compras aquel jugueteeeeeee, mammaaaaa!” Y la madre, cansada de su llanto incesante, le compra el dichoso juguete. 🙂

Nos han transformado en niños.

Sangre, fatiga, sudor y lágrimas

¿Quieres saber lo que le dije a la amiga, la chica que pensaba que todo sería más fácil?

Le dije:

“Todos trabajan concentrados en el ahora y cuando quieren algo, lo quieren inmediatamente. Sin embargo, todas las personas que han logrado algo realmente grande en sus vidas saben que han tenido que esforzarse mucho teniendo como meta tan solo un sueño, han tenido que empeñarse y pasar las de Caín, quizás hasta han sufrido mucho porque lo cierto es que nunca ha habido éxito (el de verdad) sin un esfuerzo constante.

¿Te parece que el camino es cuesta arriba? Probablemente lo es, es más, te diré otra cosa, quizás es 10 veces más duro de lo que te imaginas pero créeme, el resultado será un millón de veces más bello de lo que crees.”

Le dije todo esto porque me vinieron a la mente las palabras del primer ministro británico Winston Churchill, las palabras que pronunció cuando le preguntaron sobre la estrategia militar británica ante la amenaza facista.

Al parlamento y a todo el pueblo no les dijo “Estad tranquilos, será fácil”, no les dijo “Será un paseo”, les prometió otra cosa:

“Le digo al Parlamento, como ya le he dicho a los ministros de este gobierno, que no tengo nada que ofrecer si no es sangre, fatiga, sudor y lágrimas.

Tenemos por delante la ordalía más terrible. Tendremos que enfrentar muchos, muchos meses de lucha y sufrimiento.

Vosotros me preguntáis: ¿cuál es nuestra línea política? Yo os respondo: hacer la guerra por tierra, mar y aire.

Haremos la guerra con toda nuestra potencia y con toda la fuerza que Dios nos ha dado, le haremos la guerra a una monstruosa tiranía sumida en el oscuro y doloroso catálogo del crimen humano. Esta es nuestra línea política.

Vosotros me preguntáis: ¿cuál es nuestro objetivo? Yo puedo responderos con una palabra: es la victoria.”

Debes pagar el precio

Nadie, nadie, te enseña que debes pagar un precio por lo que quieres.

Hay un motivo por el cual las personas que están allá afuera no alcanzan sus objetivos: porque siempre están buscando un atajo.

No funciona así, cada objetivo importante tiene su precio y demanda un pago en contante.

Y cuando alcances ese objetivo y las personas te digan que has tenido suerte, limítate a recordarles las cosas que has hechos y diles “Esto, esto y aquello es el precio que he tenido que pagar”.

¿Estoy hablando de dinero? Obviamente no, el precio que debes pagar es otro.

Es sangre, fatiga, sudor y lágrimas.

Porque eres un hombre, y los hombres hacen eso.

¿No quieres pagar ese precio?

Tranquilo, en los cursos de corte y costura siempre hay espacio.

 

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